
Lo que mata al Amor son las caricias que no damos, las palabras dulces que no pronunciamos, los gestos delicados que se olvidan, el tiempo que le robamos al ser querido para dedicarlo a cosas que realmente se podrían postergar. Lo que mata al Amor es no ser capaces de comprender realmente cuánto nos aman y cuánto nos necesitan y vivir ignorando la dicha y bendición que Dios puso en nuestras manos.
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