
El valor de la palabra de una persona es mayor que miles papeles firmados. Por eso debo tomar mucha atención en lo que digo. Por mi voz, salen mis pensamientos y sentimientos. Así que, al afirmar algo, estoy firmando un contrato mucho más sutil, uno que nadie se va a olvidar. Hoy, por la falta de confianza, la palabra poco vale, pero en verdad todos estamos muy atentos al que el otro dice. Y si hay una falla, entonces estamos listos para apuntarla. Para hacer con que haya coherencia entre mis palabras y mis sentimientos, debo generar una poderosa conciencia de que soy mucho más que mi parte física; soy un ser espiritual y como tal, la Verdad es mi cualidad original
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